lunes, setiembre 18

Custodes 02

Pero me desvió del tema, yo era un modesto agente de la Surete – con un pasado imborrable en la legión – cuando fui convocado a esta nueva agencia, que a todas luces funciona como el control de aguas en la unión europea. Luego de muchas pruebas, y descubrimientos estremecedores de la nueva realidad, pase a formar parte de un selecto grupo de comandos que se encargan de eliminar a los vampiros que molestan por las noches.

Si hubo algo que siempre me extraño, fue que teníamos solo blancos selectivos, era casi imposible que nos permitieran una matanza de todos los vampiros que encontrábamos. Y ese fue el error que se permitió Katrina. A los 3 años de compartir cientos de misiones juntos, ya teníamos nuestros planes de retiro para ambos. Katrina había sido oficial de la armada ucraniana antes de ingresar. Le encantaba navegar y esperaba que pudiéramos casarnos pronto y establecernos en Nueva Zelandia, nuestro lugar ideal.

Ella era siempre de la idea de una acción directa contra los otros, pero nunca había dejado que esas ideas la hicieran desobedecer las órdenes. En cambio yo he sido siempre más curioso, más reflexivo, menos obediente, siempre preguntándome ¿Por qué?

Un día como cualquiera nos topamos con un grupo de vampiros al terminar una misión; acababan de exterminar a un grupo de iraníes, entre los que se encontraba una pequeña. Todos sabíamos que no teníamos autorización para atacar, pero los cuerpos en el suelo alteraron a todos. Katrina desobedeció la orden de inamovilidad y entro en escena, matando a unos cuantos.

Para cuando quisimos darnos cuenta, estábamos bajo fuego cruzado, sin posibilidades de ayudar. Vi de lejos como entro en escena un vampiro más grande, todo vestido como samurai. Con la orden de retirada en el oído, solo podía pensar en ayudar a la mujer que amaba. Pero al llegar solo encontré su cuerpo decapitado y al vampiro arrodillado cerca de las cenizas de uno de los abatidos. Mi intento de matarlo fue inútil, me desarmo muy rápido y luego de herirme en el brazo me dijo: “Las acciones de ella, no estaban justificadas, pero las de ellos si. Jamás dejes que la venganza rija tus acciones.”

Luego desapareció como el viento. Ya repuesto en la cama, las preguntas que rondaban mi cabeza eran demasiadas, y las respuestas muy diversas. Nadie quiso darme un informe, ni una explicación. Solo habían perdido a un miembro en combate, pero yo no vería más a la mujer que amaba.

Debo introducir a una persona que siempre atrajo mi curiosidad desde la primera misión en la que participe. Aquel que se convertiría en mi amigo y mentor con el correr de los años. Víktor, era un historiador, miembro del alto consejo, y experto psicoanalista. Fue el primero en conversar claramente sobre mi nueva vida al conocernos, y el único que sentí dispuesto a facilitarme respuestas.

Luego de algunas misiones donde demostré estar poco dispuesto a seguir recibiendo ordenes, se me envió a un trabajo de escritorio, a modo de calmar lo que sentía. Como si eso hubiera servido de algún modo. Una tarde de otoño, sentado y aburrido, me dirigí a la oficina de Víktor; pero al encontrarla vacía me senté a esperarlo. Opte por curiosear en su computador, y ese fue el primer paso a una realidad sorpresiva y nueva. Ahí estaba, en la pantalla, el rostro del vampiro asesino, sus pocos rastros a lo largo de la historia, algunos contactos… su cripta. Toda la información que necesitaba para planear una embosca, y terminar con el asesino de mi amada.

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Labrado en la piedra por Durin Bombadil