viernes, enero 23

Quantum of Solace


Y al fin, he disfrutado del séptimo arte, después de una larga temporada alejado de las salas, lo cual aunque extraño, demuestra hasta que punto mi tiempo ha estado mas que medido mientras disfruto del invierno limeño antes que el sol – el calor húmedo para ser exactos – se apodere de la ciudad que me cobija lejos de las minas, y me llama siempre de vuelta.

He disfrutado no solo de la película, sino también de mi bella Lustiel, quien me ha acompañado no muy convencida, después de la última elección que hice al ir al cine. Pero eso es historia pasada, se inicia un nuevo año, y hay muchos estrenos interesantes, y sobre todo, se vienen buenas historias y grandes producciones. Pero no hablaremos de todas ellas acá, ya habrá tiempo, y el lugar ideal para explayarme es otro blog donde escribo, y al que pretendo darle un poco mas de tiempo este año.

Hoy les hablare de la 22da película del agente británico – creación de Ian Fleming – con licencia para matar. A pesar de disfrutar de casi todas las entregas de este agente 00, sigo quedándome con el primero, el original, pues fue con él que se inicio toda la saga y los demás han continuado su legado. Daniel Craig, el quinto James Bond, reinicia el ciclo por decirlo de alguna forma, pues nos presento en la primera entrega, como el agente logra la condición de 00.

Esta segunda entrega con el, es una buena continuación, pero ahí radica el problema; pues si por algo se han caracterizado todas las películas es su independencia. La película explora mucho, los cambios que va sufriendo el joven agente hasta convertirse en el personaje que todos conocemos. Por primera vez vemos que hace uso de su galantería, pero también, como esta trae consecuencia fatales para las mujeres de las que se rodea.
Un villano a la altura de este Bond, pero que definitivamente podemos vislumbrar que es parte de una organización cuya envergadura puede equiparar al MI6. Claro esta, que esta vez, el vehículo no se roba la película – extrañamos sobremanera el clásico Aston Martin – y no se ve ninguno de los dispositivos que el genial Q siempre entrega a 007 pero los efectos solventan la falta de artilugios y sobre todo producen la sensación de acompañar al personaje.

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Labrado en la piedra por Durin Bombadil