sábado, julio 12

Notas desde Belegost


Hoy estamos sentados acá frente a la pantalla, después de un ajetreado día – que por lo demás no sale de lo común – caminado en interior mina. Mientras somos pequeños, y estamos en el colegio, las diferencias de opinión, con tus compañeros y amigos, estarán centradas en las cosas que ven por la televisión, los juegos que tiene unos con otros, o pequeñas cosas, que los adultos las tomaran siempre como cosas sin importancia. Pero al final, siempre se encuentra el modo de resolver, esos impases, y continuar con la divertida vida de colegial.



Cuando uno llega a la universidad, o en general cuando ha dejado el colegio; pues las discusiones, o "intercambios de puntos de vista" tocan temas más complejos: política, economía, religión, familia, filosofía, sexo, y claro esta; las infaltables y siempre mas complejas y duraderas discusiones con las féminas que conozcamos. Creo yo, es durante esta etapa de nuestras vidas, que aprendemos a discutir y a plantear nuestros propios puntos de vista, a ser tolerantes, y a encontrar el equilibrio por el cual, nuestra convivencia diaria con diversas personas, no se vuelve algo tedioso, sino mas bien, un aprendizaje continuo; una forma de madurar y ser mejores.



El trabajo, la última etapa que tienen algunos para aprender, pues cuando ya corran los años y nos hagamos mayores, nos volveremos tercos – casi todos – y nos será difícil aceptar que siempre hay algo nuevo que aprender. He descubierto, que pequeñas rencillas personales, pueden generar algo más que diferencias entre dos personas, y en el camino, entorpecer, y hasta frenar un trabajo bien hecho. Extraño darse cuenta que a pesar que dos personas son adultas, pues terminan comportándose como pequeños, y dejan que sus desencuentros, interfieran en un trabajo.



Claro esta que su buen amigo, esta seguro de no librarse de este fenómeno algún día; pero mientras tanto, seguiremos con nuestra política de sinceridad brutal, tratando de conocer a las personas, y dejándoles que me conozcan tal cual soy, un ingeniero de minas con mucho empeño, un enano en casa de piedra.



Es para mi persona – desde cierto punto de vista – entretenido y un modo de liberar tensiones, analizar el comportamiento, así como las diferentes reacciones de los amigos y compañeros de trabajo. Mi naturaleza de hacer amistad prontamente, sumado al hecho de que pasare casi dos tercios de mi vida, conviviendo con estos muchachos, pues es un aliciente mas para interesarme por estas personas, y buscar la mejor manera para trabajar conjuntamente por el éxito de todos.


Aun no ha tomado forma, ni puedo encajarla en molde alguno, pero creo que esta nota, es la primera de muchas, en las cuales su siempre curioso amigo, les escribirá como un corresponsal encubierto desde Belegost – pues el clima y la lejanía concuerdan – sobre todos los habitantes de este alejado lugar, y las tribulaciones de cada uno.

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Labrado en la piedra por Durin Bombadil